Reflexiones
La nostalgia del pasado
2017-03-09

Son proyectos basados en ideologías nacionalistas, sean revolucionarias o conservadoras. Por el pasado ha votado, sobre todo, la gente de mayor edad, más activa políticamente que los jóvenes. La nostalgia, ya lo vimos con el triunfo de Trump, es una fuerza poderosa en un mundo globalizado donde muchos se han quedado excluidos, las oportunidades parecen estar en manos de las grandes empresas extranjeras o de quienes inmigran al país, el margen de maniobra del gobierno es más estrecho por todos los tratados firmados con el exterior, hay aún profundas cicatrices sociales por la crisis financiera del 2008 y el cambio tecnológico está rehaciendo sectores completos de la economía.

El pasado no es como lo pintan, amén de que es imposible regresar a él, como prometen los nostálgicos. Sin embargo, la viabilidad de las promesas es lo de menos. Todo es cuestión de repetir e inventar. Con las redes sociales y noticieros radicalizados, una parte del electorado puede vivir en un mundo paralelo donde los hechos no importan. Cerca de la mitad de los ciudadanos de su país le creen más a Trump que a los medios de comunicación.

Trump sostiene que va a volver a hacer a América Grande, lo cual incluye terminar con las derrotas de su país en las guerras en las que ha participado. La peor derrota, sin embargo, no es reciente. Trump pertenece a la generación que peleó en Vietnam. Él por supuesto no fue a la guerra, a pesar de ser atlético y sano. La guerra con Vietnam polarizó al país y condujo a violentas confrontaciones entre las policías y los estudiantes universitarios. Los años sesenta presenciaron asesinatos de políticos de todos los colores, desde los dos hermanos Kennedy hasta el activista Martin Luther King, así como crecientes tensiones raciales, que terminaron en más de una ocasión en motines de la población negra que primero arrasaba con lo que podía, para luego ser reprimida por la policía.