Reflexiones
Todo el poder para las empresas de gerencia pública
2017-05-15

Fue muy afortunado que a la señora Le Pen la pulverizaran en las urnas. Macron duplicó su votación. El fascismo y el comunismo, su primo hermano, son siempre malas noticias.

En todo caso, la victoria de Emmanuel Macron en las elecciones francesas es otro síntoma de que los partidos políticos convencionales se mueren. Los electores no los quieren. Dan por sentado que los políticos profesionales son “cazadores de rentas” y los partidos una amalgama innoble de personas generalmente incompetentes en busca de fortunas basadas en la corrupción.

A Macron lo eligieron porque ha prometido honradez y eficiencia. Lo ven como un gestor capaz de domar a la pesada burocracia francesa. Ha dicho y reiterado que: ‟Se obligará a todos los servicios públicos que tengan relación con los ciudadanos [hospitales, escuelas, tribunales de justicia, servicios sociales…], a que publiquen sus resultados en términos de calidad del servicio [por ejemplo: tiempos de espera, encuestas de satisfacción, etc…].”

Los partidos políticos modernos surgieron espontáneamente al calor de la revolución americana de fines del siglo XVIII. Nadie previó su nacimiento. Fueron una necesidad de la democracia representativa para mediar entre electores y elegidos, y para encarnar puntos de vista diferentes, principalmente entre federalistas y antifederalistas, o entre liberales y conservadores.


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