Reflexiones
El neocomunismo bolivariano no tiene quien le condene
2017-06-01

Vale la pena que lean los decretos con los que el dictador venezolano Nicolás Maduro ha perpetrado la fase final de su golpe de estado permanente. Con sus alusiones a una supuesta "bendición de Dios Todopoderoso" y la extraña jerga bolivariana, que habla de la "Venezuela Potencia", del "mundo pluripolar y multicéntrico", y del "Estado de la Suprema Felicidad Social" (sic) podría parecer el chistoso producto de un legislador lunático. Pero no lo es. Es la utilización de la violencia estatal para acabar con los últimos refugios de la libertad de pensamiento, de expresión y de participación política en Venezuela.

El golpe de estado neocomunista en Venezuela no ha sido dado ahora, con la convocatoria de una llamada Asamblea Nacional Constituyente. Empezó en 1999, cuando Hugo Chávez llegó al poder, y desde entonces no ha cesado. Ha contado con la ayuda de Cuba, con la complicidad de Irán, con la asesoría especializada de los que hoy forman Podemos, y con la colaboración muy interesada de tipos como José Luis Rodríguez Zapatero, a quien Mariano Rajoy, según parece, sigue considerando un mediador, en lugar de lo que es: un lacayo de la tiranía bolivariana.