Reflexiones
El terror nos está ganando
2017-06-14

MADRID – Nos ganaron: se ve que por ahora nos ganaron. Es primavera, Salón del Libro en Saint-Malo, costa normanda, Francia dulcemente profunda: brilla el sol, las gaviotas aúllan, el mar se huele, los libros nos reúnen, el mundo resplandece. Intento entrar al centro de exposiciones donde se hace el Salón pero todas sus puertas parecen cerradas. Alguien, muy amable, me informa que hay una sola puerta abierta, allá en la punta. Camino; alrededor hay bloques de cemento, guardias, perros, ambulancias. Alguien, más o menos amable, me explica que es por el terrorismo: que debemos cuidarnos, defendernos. Al fin llego a la puerta. Me hacen abrir el bolso, lo miran, me revisan. Sonrío, trato de convencer al hombre de que no soy un malo; él me sonríe. Así estamos un poco más seguros, me dice.

Están en nuestras vidas. Más tarde ese sábado, en la noche, lo evidente se vuelve bestial. En una calle de Londres tres señores armados con cuchillos apuñalan a troche y moche, matan. La escena es espantosa, muchos corren, los policías les gritan: “Corran corran corran”, el horror se difunde, los medios no hablan de otra cosa. Horas después, en una plaza de Turín, miles de personas se juntan para ver en pantallas un partido de fútbol y de pronto, víctimas de su tiempo, se asustan por el estallido de un petardo y corren, corren, corren, se atropellan, se hieren. Quien haya visto una multitud en estampida sabe que la mayoría pisa a quien sea para seguir siendo: el quiebre de cualquier idea de colectividad, de solidaridad. En ese petardo estalla el cambio de sentido: un sonido propio, festivo, casi irrelevante, se transforma en amenaza, tragedia. Suceden cosas que consiguen que los signos cambien de sentido. Los terroristas –llamémoslos los terroristas– ya ni siquiera tienen que estar presentes para estar muy presentes.