Reflexiones
¿Libertad de comercio?
2017-10-03

“Over the land of the free and the home of the brave”
Himno nacional
de los Estados Unidos

En el “país de los hombres libres” tiene lugar una de las leyes más restrictivas y absurdas que se hayan redactado nunca: se trata del Acta Jones de 1920, una expresión del proteccionismo más infame y del colonialismo más arrogante, que obliga a que las operaciones de la marina mercantil entre todos los puertos de los Estados Unidos se realicen exclusivamente con navíos y tripulaciones de ese país.  

Este disparate, como muchos otros que ocurren a diario en la “tierra de los valientes”, es producto del cabildeo de las grandes empresas y cuyo precio lo pagan las familias, especialmente las más vulnerables, como las que habitan Puerto Rico que, al ser una isla, es especialmente afectada por esta ley. Veamos.

Cualquier producto que llegue a Estados Unidos con destino final en Puerto Rico, debe ser descargado en Jacksonville y reembarcado en un navío con bandera y tripulación estadounidense. Debido a esta logística irracional, el sobreprecio que terminan pagando las familias de la isla por cualquier artículo es del 15 al 20%. Este sobreprecio constituye una pérdida muy importante de bienestar, especialmente después del paso del Huracán María.

La devastación causada por esta tormenta dejó a la isla al borde de una crisis humanitaria: el suministro de electricidad quedó destruido y podría tardar semanas en restablecerse. La falta de energía eléctrica y los daños a la infraestructura paralizan la operación de los hospitales, escuelas y otras instituciones elementales. La población corre el riesgo de una crisis sanitaria ante la escasez de agua potable y medicamentos básicos; la desesperación crece entre la gente debido a las dificultades para adquirir alimentos y otros artículos de primera necesidad; decenas de edificios colapsaron y numerosas vías de comunicación quedaron derruidas. Hoy incluso, la oferta monetaria en la isla se desplomó, lo que genera especulación y violencia creciente.

Si a todo esto le sumamos los estragos del huracán Irma, el peso de la deuda y la bancarrota que enfrenta el gobierno local, el panorama para 3.4 millones de puertorriqueños es aterrador.

Ante tal desolación, se ha criticado con dureza a la Casa Blanca por banalidad, falta de apoyo y por emitir críticas infundadas en contra de la población afectada. Afortunadamente, el gobierno federal ha decidido levantar temporalmente la aplicación de esta ley absurda. De esta manera, cualquier embarcación podrá llevar mercancías a la isla, con lo cual esperamos que bajen los precios de todos los artículos de consumo, medicinas, insumos e implementos de ayuda que se requieren con urgencia.

Gracias a esta medida, los puertorriqueños tendrán un acceso más rápido a los productos que les permitan sobrevivir y gozarán de la libertad de elegir el mejor medio de transporte para las mercancías que requieran: ya nadie estará obligado por el gobierno a utilizar empresas no-competitivas —es decir, aquellas que son caras y dan un mal servicio.

Lo malo es que este gran gesto de “generosidad” es temporal.
En unos días, todo volverá a ser como antes. Seguirá la explotación vil y descarada de los habitantes de Puerto Rico a manos de las navieras, comercializadoras y demás depredadores, gracias a sus poderosos cabilderos en Washington.

Esto es posible porque los puertorriqueños son ciudadanos de segunda: tienen sólo un representante en el Congreso… pero este “representante” no tiene derecho a votar. Esto nos recuerda aquella memorable consigna revolucionaria de 1776: “No taxation without representation”.

Hoy la Casa Blanca reprocha y humilla a este “Estado Libre Asociado” por una deuda impagable que suma US$72,000 millones de dólares, pero en comparación con el valor del pillaje amparado por el Acta Jones, esta deuda es insignificante. Se estima que el costo anual de este saqueo para la economía de la isla suma unos US$6,000 millones. Tras 97 años de atropello, las empresas en Estados Unidos habrían extraído injustamente al menos US$582,000 millones a las familias de Puerto Rico —y eso sin actualizar esta cifra por el valor del dinero en el tiempo, lo que resultaría en una cantidad infame.

De este bochornoso capítulo hemos aprendido que Estados Unidos no mantiene un mercado libre, ni siquiera una forma presentable de capitalismo. El Acta Jones es un caso típico de captura regulatoria: es decir, la imposición de leyes que sólo benefician a los grandes y poderosos. También es un ejemplo del daño que genera la mentalidad anticapitalista.

Hoy a nadie le queda duda que quien habita la Casa Blanca es una vergüenza para los Estados Unidos. No obstante, es aún más bochornoso ver que la industria esté representada por entidades abusivas que medran a costa del bienestar de las familias más vulnerables: aquellas que, debido a un sistema injusto, ni siquiera tienen representación política en Washington —una verdadera joya del “Imperialismo Yanqui”.

La Libertad es un valor fundamental por el que en México hemos pagado históricamente un precio muy alto. También, es muy fácil perderla. Sólo recordemos que Puerto Rico perdió su libertad y soberanía desde la “Guerra Española” de 1898. Es una vergüenza para los Estados Unidos que en pleno siglo XXI continúe la expoliación de esta isla, amparada por el Acta Jones.

Todo este humillante capítulo nos enseña que la Libertad de Comercio es una piedra angular del sistema de libertades y debemos defenderla con todos los recursos a nuestro alcance.