Reflexiones
De perdones y demonios
2018-02-01

“Para unir al país y gobernar en armonía estaría dispuesto a perdonar y fumar la pipa de la paz con Carlos Salinas y Enrique Peña Nieto, entre otros políticos, incluyendo algunos empresarios”. La unidad nacional es una idea fascista. En la camada reciente que la ha esgrimido, con millones de muertos detrás, están Mussolini, Hitler, Stalin y derivados como Pol Pot. ¿Quién define la “unidad”? ¿Acaso se propone comprimir, reprimir o suprimir diferencias y libertades para lograrla? Las sociedades, por definición, son plurales. Un país, que puede incluir muchas naciones, tiene una sola argamasa para lograr el amarre institucional: la ley. Nadie puede tener en sus manos los elementos de la “unidad” final, pues no existe. Quien lo pretenda niega ser parte de la diversidad, quiere situarse por encima de ella, ser sobrehumano. ¿Unir al país?

¿Gobernar en armonía? El director o directora (como en la Sala Nezahualcóyotl el sábado pasado) entra al auditorio, su mirada exige silencio y controla todo, eleva la batuta y arranca. A una orquesta se le debe exigir armonía.