Reflexiones
La mujer hecha negocio: "Sin dinero público no habría feministas"
2018-02-12

Vilipendiada, perseguida y amenazada. Erin Pizzey es una de las antiguas feministas enmarcada en el movimiento de la segunda ola de los años sesenta. Su vida dio un giro radical al describir públicamente al movimiento feminista "como un negocio, un entramado multimillonario que comienza en los años setenta en Inglaterra y que da como origen una gran industria del feminismo".

Pizzey fue pionera en la creación de refugios privados para mujeres maltratadas que tuvieron un gran éxito en Gran Bretaña. La activista comenzó a recibir donaciones privadas y, tal y como ella misma cuenta, "en el momento en el que el dinero llegó a los refugios, se aproximaba el sonido de las botas feministas que venían a secuestrar las asociaciones de la violencia doméstica y a convertirla en una industria millonaria". Eso sí, estatal.

La mujer, "víctima" de los hombres

Tras el movimiento hippie y la lucha contra el apartheid, las nuevas feministas empezaron a inspirarse en el marxismo, presionando al Gobierno británico para recibir subvenciones y, poco a poco, lo consiguieron. Llegan las primeras partidas presupuestaria en 1974. Tal y como narró Pizzey a Sky News, "esta máquina de hacer feminismo tan eficiente sabía lo que debía hacer para consolidarse como una gran empresa estatal". Y lo hicieron. Expulsan a las feministas que no están de acuerdo con la victimización de la mujer y lanzan un mensaje que calará hasta nuestros días: el hombre es un ser malvado por naturaleza, una especie de asesino en potencia.