Reflexiones
No a la guerra
2018-03-08

La periodista Julia Otero publicó hace unos días un tuit en el que me llamaba "oprimida" y "cómplice de los opresores". Es cierto que lo hizo refugiándose en Simone de Beauvoir. Estuve a punto de reírme de ella y un poco también de mí misma: "¿Oprimida yo? ¡No sabe usted de quién habla!". Pero luego me acordé de otros presuntos oprimidos/opresores y me contuve.

La acusación de colaboracionismo es un recurso típico del pensamiento colectivista. Venga: totalitario. Sin ir más lejos, tampoco de Otero, ahí está el nacionalismo y su señalamiento de los constitucionalistas catalanes como cómplices de la opresión española. Incluso como criaturas patológicas, quebradas por el autoodio. "¡Mal catalán!" "¡Mala mujer!". El mismo reproche, la misma perversión ideológica. Como el nacionalismo, como todas las políticas identitarias, el feminismo de tercera ola pretende anular al individuo. En este caso, arrebata a las mujeres su capacidad de libre pensamiento y decisión. Las incrusta en un bloque sentimental y político. Y si discrepan, las señala, las lincha y hasta les niega la condición de mujer. Porque llamar a una mujer cómplice del machismo es llamarla algo más que traidora de género. Es llamarla media mujer.