Reflexiones
En defensa de la mujer propietaria (y rica)
2018-03-08

Queda poco por decir acerca de la explotación de la mujer en diferentes ámbitos. Tenemos lo ojos llenos de mujeres golpeadas por maridos y padres; mujeres que son objeto del más vil de los comercios, esclavas sexuales, a las que embarazan para tener nuevos guerrilleros o para hacerlas abortar y vender las placentas; mujeres mal pagadas que tienen que entregar al jefe de familia su mísero jornal para que él lo emplee según su criterio; mujeres casadas en su infancia con un señor mayor (o con quien sea), un desconocido o, casi peor, un conocido al que detestan pero que tiene un patrimonio conveniente para la familia. Me quedo muy corta
porque la realidad supera la peor pesadilla.

Como economista que analizo mi alrededor y que investigo en el mundo de las ideas y de los hechos económicos, siento cierta responsabilidad moral a la hora de reflexionar sobre la explotación y la discriminación femeninas. Y una de las conclusiones a las que he llegado es que los derechos de propiedad privada, el cumplimiento de los contratos y la protección de la vida y la integridad física de cada persona son tres claves para evitar todas esas atrocidades que he mencionado y las que se me han quedado en el tintero.