Reflexiones
Constitución moral
2018-08-07

Planteó la idea en febrero, frente a una congregación del PES, y luego hace unos días, también sin muchos detalles y más o menos con las mismas palabras. No: lo de que pensaba redactar una “Constitución moral” no era una coquetería con la clientela de Encuentro Social, tan devota, sino una idea muy suya, muy de Andrés Manuel López Obrador. ¿Qué nervios? Pues sí. De entrada, porque no sabemos de cuál López Obrador hablamos.

De AMLO y su entorno han llegado noticias contrastantes: apuestas por la igualdad de género, la despenalización de las drogas y la concordia política, y latigazos a la prensa fifí, descalificaciones al INE y premios a Bartlett. O sea, señales de progresismo y las contrarias: de paso Moonwalk, el de Michael Jackson, de vuelta a épocas de un autoritarismo que uy. Lo de la Constitución Moral pertenece a este último AMLO. No sabemos qué es, pero lo que ha dicho no es como para tranquilizarse. No lo es que hable de “moral”, cuando la moral pues no, no es competencia ni del gobierno ni del Estado, ni de quienes los encabezan; no en las democracias. Tampoco tranquiliza que hable de que velará por el “bienestar del alma”, cosa que ya suena francamente teocrática. Ni siquiera es tranquilizador que convoque a “la gente” a redactarla. ¿Quién es “la gente”? ¿Estamos claros que las democracias son nada menos que ese lugar donde “la gente” no decide sobre mi moral? ¿Y en que cada religión y cada individuo tienen una idea distinta de lo que es alma? ¿Sabe el presidente que muchos ni siquiera creemos que tal cosa exista, y que está obligado a defender nuestro escepticismo?