Reflexiones
La cuarta transformación (II)
2018-10-08

En el artículo de la semana pasada señalé que la cuarta transformación de México inició en 1985 cuando, después de una grave crisis macroeconómica que implicó perder el acceso a nuevos flujos financieros del exterior y la manifiesta evidencia de la imposibilidad de continuar con un modelo de desarrollo “hacia adentro”, se tomó la decisión de iniciar un proceso de cambio estructural de la economía buscando inducir una mayor productividad de los factores de la producción y un mayor crecimiento económico.

Un proceso que ya lleva tres décadas y cuyos resultados han sido mixtos, ya que han persistido diferentes dualidades que, cada una por sí misma, se traducen en un crecimiento promedio de alrededor de 2 por ciento. Destaco tres: a) estados del centro-norte del país que han crecido a tasas elevadas junto con los estados del sur que están estancados; b) empresas formales y modernas que han experimentado un aumento de su productividad junto con unidades de producción informales, muy pequeñas, tecnológicamente obsoletas y de muy baja productividad; y c) un mercado laboral segmentado con 40% de los trabajadores laborando en la formalidad y el resto en la informalidad. Tres dualidades que se intersectan y que tienen un hilo que las une: una excesiva, deficiente e ineficiente regulación. Así, en los estados del centro-norte se registran más empresas formales, de mayor tamaño, modernas y de alta productividad, así como una menor informalidad laboral, sucediendo exactamente lo opuesto en los estados del sur.

Aunque ha habido avances significativos para dotar a la economía de una más eficiente regulación para reducir las barreras de entrada a diferentes mercados y generar mayor competencia sigue persistiendo, sobre todo al nivel de muchos de los gobiernos estatales y municipales, una regulación excesiva e ineficiente que además de inhibir el surgimiento, crecimiento y formalización de empresas y empleo y, en consecuencia, la actividad económica, es una de las principales fuentes de corrupción. Pero además de este tipo de regulaciones hay otra que merece mención especial: la concerniente al sistema de seguridad social.