Reflexiones
La horda justiciera
2018-10-11

La explicación más socorrida, diríamos que intuitiva, es que la gente está harta de la impunidad escandalosa que prevalece en el país, erosiona la convivencia civilizada y deslegitima a nuestro Estado de derecho. Y sí, nadie podría negar ese hartazgo ni la contrariedad que provoca que una abrumadora mayoría de los delitos más graves y perniciosos quede sin castigo. Pero en varias ocasiones ha bastado un rumor, un mensaje de WhatsApp, una apariencia sospechosa —lo que sea que eso quiera decir— para que se forme una turba cuya ferocidad no tiene límite. A veces, la policía llega a tiempo para impedir el asesinato. No siempre.

Veo en la televisión, hasta donde es posible distinguirlos, los rostros de quienes participan en la embestida. Varios de los semblantes no son precisamente de indignación o de rabia justiciera. Algunas expresiones parecen divertidas. Hay sonrisas. Incluso hay gestos de entusiasmo. Hay gritos que incitan a los coautores a seguir adelante, a extremar los puñetazos, los puntapiés, los arañazos, los azotes contra el piso. La sangre y el sufrimiento del inmolado parecen cebar a los verdugos sobreexcitados. No creo exagerar si digo que para algunos es una fiesta.