Reflexiones
Mensaje de discordia
2019-04-04

La reciente carta del presidente López Obrador exigiendo al rey de España una disculpa por la conquista de México ha lastimado el árbol de concordia que mexicanos y españoles hemos cultivado por ochenta años. El debate, planteado en esos términos, es ajeno a los esfuerzos de análisis y comprensión en los que se han empeñado generaciones de historiadores mexicanos, españoles y de otras nacionalidades, cuyos enfoques son diversos y aun divergentes, pero cuyo afán común es el conocimiento. López Obrador ha escrito libros de historia, pero no pertenece a ese elenco. No lo mueve el saber.

 

Dediqué los meses finales de 2018 al estudio de esos libros, no pocos ni poco voluminosos. Mi análisis (El presidente historiador, Letras Libres 241, enero de 2019) busca arrojar alguna luz sobre su actitud frente al pasado. López Obrador incurre en una variedad extraña del historicismo. Por un lado, cree en la vieja teoría de Carlyle, para quien “los grandes hombres” son los protagonistas decisivos y casi únicos de la historia. Por otro lado, cree que la historia tiene un libreto ineluctable. Y finalmente cree en la convergencia de ambas teorías en su propia persona, el líder providencial destinado a redimir al pueblo mexicano.