junio 22, 2020 11:29 AM
TV Azteca

China reafirma su liderazgo atacando a Hong Kong y Taiwán / Ricardo Angoso

Las espadas están en alto: las calles de Hong Kong están que hierven y Taiwán no parece estar dispuesto a dar a torcer su brazo

La reciente aprobación de una ley de Seguridad Nacional por parte de China para el territorio de Hong Kong, que acaba con la histórica fórmula de “un país y dos sistemas” y llena de ira a los habitantes de este enclave, ha elevado la tensión en esta parte del mundo. Por otra parte, las amenazas de Pekín contra Taiwán, en el sentido de invadirá la isla si se plantea su independencia, han vuelto a poner en el ojo del huracán a esta pequeña isla de apenas 35 000 kilómetros cuadrados y algo más de 23 millones de habitantes. Para Pekín, la presidenta de Taiwán, Tsai Ing Wen, es una separatista que busca la independencia de la isla y siente una animadversión profunda hacia la China comunista.

Sin embargo, el trasfondo de todo este asunto es más complejo y tiene que ver más con una revisión a fondo de la doctrina geoestratégica china de la mano de su ambicioso presidente, Xi Jinping, que sabe que ahora es el momento de afianzarse en la escena internacional, aprovechando la debilidad del resto de los actores por la crisis provocada por el COVID-19 y dada la cada más constatada crisis del liderazgo norteamericano.

En este verdadero ajuste de cuentas de China con sus vecinos, ahora le llega el turno a Hong Kong, “un ajuste que hay que entender también como la llave que abre la puerta hacia el dominio chino de Taiwán y de las aguas de alto valor estratégico del mar de la China meridional y del estrecho de Malaca”, en palabras del analista Luís Bassets. Para Xi Jinping, el principio de “un solo país y dos sistemas” ya tiene escaso valor veintiún años después de el Reino Unido abandonara a este territorio para siempre con la esperanza de que conservara, al menos, una cierta autonomía y el respeto a su sistema de libertades políticas y económicas, algo que ahora aparece como papel mojado.

En lo que respecta a los Estados Unidos, quizá el principal valedor en la escena internacional de Hong Kong y también, en cierta medida, de Taiwán, tampoco parece que más allá de la escalada retórica del presidente norteamericano, Donald Trump, Washington vaya a ir más allá en su pulso con China y las dos partes evitarán, casi con toda seguridad, una confrontación directa de impredecibles resultados. China no es Irán, desde luego, y Estados Unidos no va arruinar, pese a la impredecibilidad que reina en la Casa Blanca desde la llegada de su actual inquilino, cincuenta años de la “diplomacia del ping-pong” por terciar en la crisis entre Pekín y Hong Kong.

De Hong Kong a Taiwán

El problema es que la protesta crece y crece, como una auténtica ola ciudadana y democrática, en las calles de Hong Kong, reclamando democracia, libertad e independencia frente a China, algo que para Pekín, obviamente, es una anatema intolerable. Pese a todo, y bajo la presión cada vez más asfixiante de China, cuanto más fuerzan las autoridades chinas al ejecutivo de Hong Kong, más crece la afluencia de los ciudadanos del enclave, sobre todos los más jóvenes, a las manifestaciones contra ley que trata de imponer Pekín. El sentimiento independentista es cada vez mayor y la crisis ha servido como un acicate para alimentar las señas de identidad de los ciudadanos de Hong Kong, en un gesto casi desafiante hacia la China comunista y sus autoridades, cada vez más acorraladas ante un escenario incierto que invita al uso de la violencia contra los manifestantes o a seguir manteniendo el pulso con dureza para dejar bien claro quien manda en este estratégico enclave.

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