junio 25, 2020 11:50 AM
TV Azteca

La guerra de las estatuas / Mary Beard

Los romanos tenían muchas maneras de tratar con las estatuas de aquellos a quienes ya no querían honrar. Destruían algunas (otras las destruían sus enemigos): la cabeza del emperador Claudio hallada en el río cerca de de Colchester pudo ser víctima de la rebelión de Boudica; la cabeza de Augusto que se encontró en Meroe (en el actual Sudán), ahora en el Museo Británico, fue casi sin duda separada de una estatua, destruida en un ataque a la provincia romana de Egipto; y en escritores antiguos hay muchas referencias a las estatuas de los efímeros aspirantes a emperadores de las guerras de los años 68-69 d C. que eran derribadas en cuanto otro emperador muy transitorio llegaba a la escena.

Pero los romanos eran mucho más imaginativos que eso. Era una práctica habitual dar un nuevo aspecto a una cabeza de mármol y cambiar la imagen de un emperador que no te gustaba por la de otro que sí (o, por decirlo de otra manera, ahorrar dinero reciclando al anterior en el nuevo). Y a veces podías transformar un dios en otro cambiando el nombre de la estatua.

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