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«No, vale; yo no creo» / Pedro Urruchurtu

Si ha habido una frase que ha marcado la vida de los venezolanos en las últimas dos décadas es esa del “no, vale; yo no creo”. Es una frase que combina la incredulidad con la subestimación y que, además, se ha vuelto producto de exportación.

En 1998 era la respuesta característica hacia aquellos que decían que Hugo Chávez convertiría a Venezuela en una segunda Cuba. Hoy, sigue siendo la respuesta que reciben aquellos que creen que países como Argentina, México o España atraviesan el mismo sendero de esa Venezuela que no creía que podía ser Cuba y que ahora está peor que la propia isla.

Son muchos los factores que inciden en que la gente no crea posible que un país pueda ser destruido de la forma como lo hicieron con el nuestro. Ciertamente resulta casi inimaginable que esa Venezuela “modelo” terminara en las ruinas en las que hoy se encuentra, pero no era imposible. Como ocurrió con Venezuela, puede pasar con cualquier otro, como ya pasó con Cuba hace más de seis décadas.

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