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Reflexiones

A favor de los consumidores (sobre todo los más pobres) / Isaac Katz

Una familia, genéricamente, es una unidad económica compuesta por uno o varios miembros que destina recursos escasos (ingreso y tiempo) para producir dentro del hogar satisfactores finales que se producen con bienes adquiridos en el mercado. El objetivo último es, con esos bienes y servicios producidos en el seno hogareño, tratar de maximizar el nivel de bienestar conjunto de la unidad familiar. La familia tiene que decidir qué bienes y servicios y cuánto de ellos van adquirir, cuánto van a ahorrar o a endeudarse y, en caso de que los hubiera, cuánto van a invertir en el capital humano (alimentación, educación, salud y cultura) de los hijos.

A pesar de ello, muy poca atención se le da al hecho de que el objetivo de las políticas públicas tiene que ser el bienestar de los consumidores. No importa cuál sea la fuente de ingresos que una familia tenga (laboral, intereses, reparto de utilidades, transferencias gubernamentales), todos son, al final de cuentas, consumidores y el objetivo último es tratar de maximizar el nivel de bienestar individual y familiar que se deriva del consumo de bienes y servicios. Son varios los elementos que deben guiar una política pública enfocada hacia este objetivo.

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