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Reflexiones

Aversión a la libertad / Hana Fischer

La antipatía hacia la autonomía individual tiene dos fuentes: el miedo y el interés propio

La palabra “libertad” debe ser una de las más desvirtuadas. De la boca para afuera se la defiende, pero en los hechos se hace lo posible para extinguirla. En esta “confabulación” no hay grupos inocentes; abarca a profesionales de las más diversas áreas tanto del sector público como el privado. Se extiende sobre los miembros de disímiles ideologías, incluso entre muchos de los que son etiquetados como “liberales”.

La antipatía hacia la autonomía individual tiene dos fuentes: el miedo y el interés propio. Aunque esos dos factores pueden parecer contradictorios, no lo son. Ambos emanan del convencimiento de la propia incapacidad para ser exitoso. Es decir, ser independiente para llevar adelante el tipo de vida que uno desea y ser responsable —para bien y para mal— de las consecuencias que la decisión tomada acarree. Por tanto, exigen “muletas”, que en términos prosaicos significan la intervención estatal.

Estas “muletas” a su vez pueden ser usadas de dos maneras: para apoyarse en ellas o para utilizarlas como excusa para abusar de los demás.

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