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Reflexiones

Cuba, Inc. / Zoé Valdés

Cuba ha sido convertida en el negocio redondo más rentable cuyas ganancias se las reparten tirios y troyanos; de uno y otro bando llevan años llenándose los bolsillos y engordando cuentas bancarias: el régimen, no es un misterio, primero subvencionado por los soviéticos –CAME mediante–, convirtió al pueblo cubano en el mendigo más endeudado que se pudiera imaginar, mientras que sus revolucionarios líderes se enriquecieron de tal modo que la fortuna de Fidel Castro llegó a sobrepasar la de la reina Isabel II de Inglaterra, según la revista Forbes, ocupando en la famosa lista el puesto número diecisiete; luego tras la caída del Muro de Berlín, que en apariencia se quedaron a dos bandas y pidiendo el agua por señas, recurrieron a Venezuela, transformaron a Hugo Chávez en su banquero y a Venezuela en la provincia rica de Cuba, hasta esquilmarla.

Mientras duró la invasión y ocupación soviética de más de treinta años (por la que ningún progre protestó, y sin embargo protestan por la que nunca ha ocurrido, la tan manoseada en discursos invasión norteamericana), en la isla ninguno de los líderes de la revolución castrista mencionó el embargo estadounidense como no fuera para burlarse de los americanos sin darle demasiada importancia al tema; en cuanto vieron que el embargo, bloqueo para ellos, podía servirles para su lloradera de miseria, echaron mano de la palabra bloqueo con la intención de esquilmar del mismo modo a varios tontos útiles internacionales. La deuda de Cuba con España y con Francia, por poner sólo dos ejemplos europeos, no podrán pagarla ni seis generaciones de cubanos. Por su lado, el régimen sigue dando largas de pagos, de lo que se puede interpretar que los que mandan en esa tiranía mucho menos pagarán ni un centavo partido por la mitad a nadie.

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