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Reflexiones

Estado obeso (II) / Isaac Katz

La semana pasada apunté que la privatización de empresas gubernamentales no fue, como afirmó el presidente, la venta de bienes públicos. La privatización redujo el tamaño de un sector paraestatal obeso y notoriamente ineficiente, vendiendo empresas que, al producir bienes privados, no tenían por qué ser ofrecidos por el gobierno. ¿Por qué, además, las empresas paraestatales son ineficientes? Aquí entra el llamado problema del agente-principal, en donde el principal es dueño de la empresa y el agente es quien la administra y opera.

En una empresa privada, los derechos de propiedad están perfectamente definidos: los dueños son propietarios de los activos de la empresa y son acreedores de las utilidades que se generen. Cuando el dueño de la empresa es simultáneamente el administrador, no hay conflicto entre los intereses del principal y del agente, ya que son la misma persona. El problema aparece cuando el dueño nombra a un agente externo para que administre la empresa. En este caso puede ser que el agente busque maximizar su propio bienestar en detrimento de las utilidades de la empresa y el interés del principal. El dueño estará dispuesto a obtener menores ganancias si la merma es menor al costo en el que incurriría si él mismo fuese el administrador. Si la pérdida es mayor, existe el incentivo a cambiar al administrador, más aún si existiese la probabilidad de una adquisición hostil por parte de una empresa competidora.

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