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Reflexiones

Reforma fiscal / Arturo Damm Arnal

En la primera entrega presenté una primera aproximación a la propuesta a favor del Impuestos Único (ni uno más), Universal (sin excepción, ni de bienes y servicios, ni de contribuyentes), Homogéneo (la misma tasa en todos los casos), al Consumo (no al ingreso, no a la propiedad), que haría posible recaudar más cobrando menos impuestos.

Si el año pasado, en vez de haberse cobrado, a nivel federal, 14 impuestos distintos, se hubiera cobrado un solo impuesto del 15.34 por ciento a la compra de bienes y servicios, tanto para la producción (compras de las empresas), como para el consumo (compras de las familias), se hubiera recaudado lo mismo que con los 14 impuestos: al valor agregado, sobre la renta, sobre autos nuevos, al comercio exterior, y los diez especiales sobre producción y servicios.

El Impuestos Único, Universal, Homogéneo al Consumo, IUUHC tendría ventajas, entre las que destacaría el aumento en la competitividad del país, en la capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, precisamente lo que nos urge en México. ¿Cuánta más inversión directa no tendría lugar en México si el único impuesto que tuvieran que pagar las empresas fuera el IUUHC? ¿Y que pasaría si, con el fin de apuntalar más la competitividad del país, no se les cobrara impuestos a las empresas?

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